Sierra Mágina

El emplazamiento de la Comarca en la zona de transición entre las Cordilleras Béticas y el valle del Guadalquivir determina un medio natural peculiar donde zonas de montaña de fuertes pendientes se unen a las llanas campiñas. El recorrido del Guadalquivir en la zona norte y la penetración de valles y arroyos que la recorren ha propiciado que sea una zona habitada desde tiempos inmemoriales.

Formada por localidades generalmente pequeñas, entre las que destacan por su población y por su dinamismo los municipios de Mancha Real, Jódar y Huelma, los municipios situados más cercanos al macizo central, han acusado un aislamiento, actuando el macizo como un obstáculo natural para el contacto que sin embargo ha propiciado la conservación de rasgos propios.

La agricultura, particularmente el cultivo del olivo se configura como la principal actividad económica, con un papel decisivo en la preservación de los ritmos de vida, tradiciones y costumbres. El establecimiento de la Denominación de Origen de Sierra Mágina para el aceite de oliva virgen extra, ha revalorizado el sector contribuyendo a la comercialización de marcas propias. Destaca en esta línea las iniciativas de producción de aceite ecológico.

El cultivo de frutales, hortalizas y la actividad ganadera, ovina y caprina extensivas, han estado siempre presente en la Comarca, como actividades menores ligadas en la mayoría de las veces al autoconsumo.

De entre sus atractivos, destacar el patrimonio natural; el histórico-cultural marcado por las tradiciones, labores de artesanía del esparto, jabones y perfumes de Pegalajar, y como no, su rica y variada gastronomía.

Para degustar los manjares tradicionales, hay que pedir platos como los andrajos con liebre, las migas con torrezno, potaje de habicholones el gazpacho, la pipirrana o los pimientos con tomates, además de sus sabrosos embutidos de cerdo. De su repostería destacar dulces como las roscos de vino, las flores y los borrachuelos, magdalenas, pestiños, alfajores, almendrados, hojuelas, esponjuelas, los retorcíos y los bizcochos, gusanillos, merengues o el pan de higo, que se pueden acompañar con su licor de nueces verdes, mosto y licores caseros, o el refresco granizado llamado aguacebá. También hay que probar sus cerezas y sus guindas en aguardiente.

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